La renta variable es un tipo de inversión en la que la rentabilidad futura no está garantizada. Su valor puede subir o bajar con el tiempo dependiendo de la evolución de los mercados financieros.
Cuando compras acciones de una empresa o inviertes en determinados ETF y fondos indexados, estás invirtiendo en renta variable.
Se llama así porque los beneficios que obtendrás no son conocidos de antemano.
A diferencia de otros activos financieros, no existe una rentabilidad fija garantizada.
La principal diferencia es que en la renta fija la rentabilidad esperada suele estar más definida, mientras que en la renta variable depende de la evolución de los mercados.
Muchos inversores combinan ambos tipos de activos para construir carteras equilibradas.
Si quieres entender mejor la renta fija, puedes leer nuestro artículo sobre qué son los bonos.
Aunque pueda parecer arriesgada, la renta variable es una de las herramientas más utilizadas para construir patrimonio a largo plazo.
Muchos inversores comienzan utilizando ETF o fondos indexados ampliamente diversificados para reducir riesgos específicos.
Utiliza nuestra calculadora para estimar el crecimiento potencial de tus inversiones con el paso del tiempo.
Usar calculadora de interés compuesto →La renta variable es una pieza fundamental para quienes buscan hacer crecer su patrimonio a largo plazo. Aunque implica asumir fluctuaciones y volatilidad, históricamente ha ofrecido mayores rentabilidades que los activos más conservadores.
Este contenido es educativo e informativo. No constituye asesoramiento financiero ni recomendación de inversión.